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dieta keto

¿Es verdad que la tiroides se afecta con la dieta keto?

septiembre 4, 2019 Por Paula Rincón

Mucho se ha dicho respecto a las contraindicaciones de las dietas bajas en carbohidratos y la muy baja en carbohidratos, comúnmente llamada cetogénica.

En este campo, todos parecen tener una opinión y muchos sustentan sus argumentos en su “experiencia clínica”, la cual, sigue aportando al gran conglomerado de opiniones de un sólo observador. ¿Los sesgos? Múltiples.

Esta es la parte 1 de la serie en “Las contradicciones de las contraindicaciones de la dieta original del ser humano, comúnmente llamada Dieta Cetogénica” y empezamos hablando de la tiroides…

A ver qué tanto tiene de verdad el mito de que la dieta baja o muy baja en carbos produce hipotiroidismo patológico.

Para este escrito me apoyo de una entrada en el blog de Virta Health, llamado “Tu Tiroides Necesita Carbohidratos?, escrito en 2017 por el Dr. Steve Phinney, director médico de dicho centro. He agregado mis propias referencias, no mencionadas en dicho blog con el símbolo R y su pertinente enlace para acceder a la fuente. Empecemos.

“Métele carbos para no afectar la tiroides”, dicen.

Varios factores pueden contribuir a cambios en la respuesta tiroidea, entre ellos la restricción energética (comer menos calorías de las que se gastan).

Sin embargo, incluso cuando no hay restricción energética, una alimentación muy baja en carbohidratos se asocia con niveles muy reducidos de hormona tiroidea en la sangre. Aún no es claro si es A) la baja ingesta de carbohidratos o B) la presencia de cuerpos cetónicos lo que reduce las concentraciones circulantes de la hormona tiroidea, incluso cuando la energía ingerida es abundante y el peso corporal es estable.

En su afán por llegar a conclusiones para desaconsejar la dieta cetogénica (vaya uno a saber con qué intenciones), muchos apoyan que la reducción en la hormona tiroidea activa (llamada T3 libre) sea tomada como evidencia para demostrar que la restricción de carbohidratos afecta la función tiroidea.

Entre las más comunes opiniones está que la restricción de carbohidratos nunca deba mantenerse por debajo de los 100 gramos por día para evitar este efecto.

Otros abogan porque los practicantes de una dieta baja en carbohidratos y alta en grasas saludables, LCHF, por sus siglas en inglés, hagan “descansos” de la restricción de carbohidratos, llamados comúnmente ‘carb-ups’ con el fin de aumentar la función tiroidea a «normal». R

¿Por qué disminuye la función tiroidea?

Una explicación alternativa ofrecida por el Dr. Stephen Phinney, MD, PhD para estos cambios en las hormonas tiroideas cuando uno tiene un peso estable en una dieta LCHF es que el cuerpo se vuelve más sensible a estas hormonas.

Esta sensibilidad, según el Dr. Phinney puede atribuirse a los efectos favorables a nivel de estructura y función de las células, cuando se está en cetosis. R

Como resultado, en estas condiciones, se puede funcionar normalmente, aún con niveles reducidos de T3 libre.

Dicho de otra manera, una dieta muy baja en carbohidratos parece mejorar la sensibilidad de la hormona tiroidea (es decir, se necesita menos hormona para producir el mismo efecto) lo que, al final, supone una menor demanda para la producción de hormona tiroidea (T4) en la glándula tiroides y su posterior conversión a T3 activa en el hígado.

¿Es esta hipótesis de mejora de la sensibilidad de la hormona tiroidea en una dieta cetogénica realmente plausible?

Teniendo en cuenta que se ha demostrado repetidamente que una dieta muy baja en carbohidratos natural y nutritiva mejora la sensibilidad a la insulina en personas con resistencia a la insulina o diabetes tipo 2, no es descabellado proponer que la sensibilidad de otras hormonas también aumente.  R R R

También hay pruebas sólidas de que la sensibilidad del cerebro a la leptina, hormona de la saciedad, también mejora en individuos en la alimentación muy baja en carbohidratos con niveles más altos de cuerpos cetónicos. R R

Por lo tanto, asegura el Dr. Phinney, que una mejor respuesta de la hormona tiroidea, durante una dieta LCHF, sería bastante consistente con estas otras mejoras documentadas en la sensibilidad hormonal.

¿Disminución de la T3 a causa de la reducción de carbohidratos o el aumento de grasa en la dieta?

El endocrinólogo detrás el popular blog “Hormones Demystified”, Dr. HD, por su parte tiene una interesante hipótesis al respecto.

En sus palabras: R

¿Podría ser que consumir un predominio de grasas en la dieta es simplemente más eficiente metabólicamente que consumir predominantemente carbohidratos y proteínas? Después de todo, 1 gramo de grasa tiene el doble de energía potencial (9 kcal) de 1 gramo de carbohidratos o 1 gramo de proteína (4 kcal).

En este sentido, es probable que necesitemos un menor insumo de energía -es decir, menores niveles de T3, para liberar energía de la grasa, en comparación con el mismo proceso, pero a partir de los carbohidratos y proteínas.

Aunque reconoce que su argumento se fundamenta meramente en opinión propia, Dr. HD procede además a especular que, comparado con el metabolismo de las grasas, la T3 podría ser un regulador más importante del metabolismo de carbohidratos y proteínas. En cambio, la descomposición de las grasas puede involucrar el reclutamiento de otros procesos metabólicos, y en menor medida, la T3.

Refiriéndose particularmente a un estudio en el que se muestra una caída sustancial (pero no estadísticamente significativa) en T3 en sujetos con una dieta de 1500 calorías compuesta de 50% de grasa y 50% de carbohidratos, Dr. HD sostiene su argumento.

Debido a que una dieta de 1500 calorías, compuesta de 50% carbohidratos es, probablemente aún alta en carbohidratos, Dr. DH sostiene que, al no ser cetogénica, la reducción de T3 no puede haberse debido a la sensibilidad aumentada a la T3, como Dr. Phinney teoriza. En cambio, el otro 50% de grasa de la dieta puede ser lo que explique la reducción de T3.

El estudio es viejo (de 1980) y yo no logré acceder a más que el abstract, como para poder ver la metodología completa y, al menos, concluir algo a partir de los sujetos y su dieta previa al experimento.

Aún así, no me parece que los resultados -al menos los escritos en el abstract contradigan la hipótesis de Dr. Phinney. Quizá más bien, nos dicen algo sobre ingestas relativas de carbohidratos…

Puede que, la simple reducción relativa del consumo de carbohidratos (sin que necesariamente se limiten a los conocidos límites cetogénicos) haga el trabajo ameno de incrementar la sensibilidad a la T3.

Para esto, y basados sólo en este estudio, habría que ver la composición de la dieta de los sujetos antes del experimento. Dudo que ese detalle hubiera sido incluido.

Recibo también con agrado la hipótesis de Dr. HD, por la plausibilidad de la misma…

Aún así, necesitamos muchos más estudios para transformar estas “opiniones de conocedores del tema” en argumentos más sólidos.

Nos acostumbramos a comparar peras con manzanas…

Ya como vimos, Dr. Phinney, nos ayudó a esclarecer una potencial causa de la baja en T3 que procede a la restricción de carbohidratos en la dieta.

Pero ¿será posible que, nosotros, quienes ya normalizamos muchos parámetros de salud como consecuencia de nuestro caso omiso a las directrices oficiales de salud (las mismas que nos han dicho que debemos consumir más cereales y evitar las grasas), nos estemos comparando -injustamente- con una población enferma?

Dr. Phinney lo pone elegantemente, “no existe publicación alguna de estudios prospectivos de ensayos humanos, bien diseñados, que demuestren que la función tiroidea alterada (es decir, el hipotiroidismo) ocurre en una dieta cetogénica”.

Y es que los estudios para determinar los rangos de normalidad del patrón tiroideo se han realizado en pacientes que metabólicamente difieren de aquellos que llevan un estilo de vida muy bajo en carbohidratos.

Empezando por ahí, ya vamos viendo qué tan injusto es compararnos con individuos que comen cualquier cosa y cuyos hábitos no han sido claramente controlados.

Esto explica porqué es común encontrar en Internet recomendaciones para superar el consumo diario de 100 gramos de carbohidratos con el fin de “mantener la función normal de la tiroides».

Pero, ¿nos han dejado lo suficientemente claro qué es normalidad en un contexto bajo en carbos? ¿Saben quienes desaconsejan la restricción de carbos exactamente para quiénes aplican estas recomendaciones?

Claramente, 100 gramos por día de carbohidratos de bajo índice glucémico disminuirían el grado de cetosis nutricional en la mayoría adultos… Dr. Phinney cree que este simple hecho definitivamente aumentaría los niveles de hormona tiroidea en la sangre.

Si la dieta original no exige altos niveles de T3, ¿pueden los rangos “normales” estar incorrectos?

Ya hemos discutido cómo la dieta baja en carbohidratos es la dieta más adecuada para nosotros, como humanos.

Partiendo de este principio, y si las condiciones Low Carb son las condiciones más acordes con nuestra biología, ¿será posible que los niveles de T3 que vemos en personas que no restringen carbohidratos (dieta estándar americana), y que considera normales la medicina actual sean en realidad, anormales?

Puesto de otro modo, ¿estaremos erróneamente etiquetando como “normal” lo que en realidad es un estado relativamente hipertiroideo (en comparación con los niveles de la hormona en cetosis nutricional), impulsado por un exceso de carbohidratos en la dieta?

En lo siguiente, coincidimos con Dr. Phinney:

¿Qué tal si los niveles más bajos de T3 asociados con una dieta cetogénica, bien formulada, [más bien] son indicativos de una sensibilidad óptima a T3 y, por tanto, la verdadera norma fisiológica para los humanos?

Sobre los famosos “carb ups”

Con respecto a esta propuesta que parece fascinarle a los ‘influencers’ y health coaches de Internet, que consiste en aumentar el consumo de carbos cíclicamente (una vez a la semana, una vez al mes, etc), Dr. Phinney responde que todo lo que se logra es poner al cuerpo en “una montaña rusa metabólica que no deja de tener consecuencias”.

Es precisamente el trabajo del Dr. Phinney y su colega, el Dr. Jeff Volek, lo que ha dilucidado detalles del periódo por el cual tiene que atravesar el cuerpo a medida que alcanza la ceto-adaptación, término que acuñaron ellos para describir la completa adaptación al estado de cetosis nutricional.

Es sabido que se requiere unas cuantas semanas, dependiendo del individuo para alcanzar este estado.

Se presume además que, durante estas semanas antes de la cetoadaptación, el consumo de carbohidratos por encima de 100 gramos (o más exactamente, por encima de la tolerancia de carbohidratos de la persona), podría totalmente revertir este proceso.

“¿Qué sentido hay en tener que persuadir constantemente al cuerpo para que se ceto-adapte y luego ponerlo a lidiar con la depleción de las altas cantidades de carbohidratos [consumidos en los famosos carb-ups]? Sabiendo que los niveles de beta-hidroxibutirato [cetona] en sangre, característicos de una cetosis nutricional, reducen el estrés oxidativo y la inflamación, ¿por qué querríamos interrumpir este efecto benéfico, aún si fuera por parte del tiempo?”

Procede a concluir que:

“si las dietas que son restringidas en carbohidratos [realmente] tuvieran un efecto negativo en la función tiroidea, se predeciría que un número desproporcionado de personas desarrollaría casos clínicamente obvios de insuficiencia tiroidea (hipotiroidismo) mientras siguen una dieta cetogénica.”

Y que si de verdad hubiese un porcentaje de personas “particularmente vulnerables” que responden a una dieta baja en carbohidratos, desarrollando hipotiroidismo, estos casos estarían reportados en la literatura.

Eligiendo los estudios aleatorizados grandes, que duraron tres meses o más, realizados en la última década, y que utilizan dietas con bajo consumo de carbohidratos o cetogénicas, nota que ninguno de los estudios reportó casos de hipotiroidismo.

Tabla de estudios aleatorizados, con referencia (primera columna) número de sujetos implicados en estudio (segunda columna), duración (tercera columna) y número de casos de hipotiroidismo (última columna)

Una nota de advertencia:

A pesar del rigor con el que se pudieron haber conducido estos estudios, se debe reconocer que 350 personas no son una muestra significativa, representante de los miles de personas que han iniciado una dieta baja en carbohidratos.

También, puede que a pesar de haber tenido síntomas, estos no se hayan reportado por los sujetos, probablemente dada la levedad de los mismos (¿quizá un inicio de hipotiroidismo?).

Es probable que los síntomas de un hipotiroidismo en desarrollo se manifiesten una vez la persona se adentra en la dieta.

También, es probable que los síntomas leves del inicio de un hipotiroidismo en una persona con una dieta estándar americana se exacerben o se hagan más evidentes en el tiempo que coincide con la tercera semana de iniciada la restricción de carbohidratos (dieta Keto), por ejemplo.

Esto haría que aumentaran los números de casos reportados de diagnóstico de hipotiroidismo en dieta keto, lo cual establecería una relación de asociación, más no de causalidad.

Aunque no hayamos descartado la posibilidad que la dieta keto induzca un hipotiroidismo (ver arriba la necesidad de redefinir ‘hipotiroidismo’ en un contexto cetogénico, por Dr. Phinney), podemos concluir tres cosas:

1- Ante la ausencia de evidencia, NO PODEMOS AFIRMAR QUE KETO CAUSA HIPOTIROIDISMO.

2- Adjudicar hipotiroidismo patológico (R) -una vez se llegue a este diagnóstico posterior al inicio de una dieta Keto- a la dieta Keto puede ser apresurado.

3- Simplemente no sabemos lo suficiente aún.

Conclusión

En una hora donde todos parecen ser “expertos en hormonas” (término del que ni siquiera se apropia uno de los endocrinólogos más brillantes que conozco, el Dr. Pedro Nel Rueda), es entendible que valores hormonales por debajo del ‘rango normal’ enciendan las señales de alerta (sobre todo cuando se adopta un estilo de vida muy bajo en carbohidratos).

Creemos que, y presumiblemente de acuerdo con el Dr. Phinney y Dr. HD, que el rango de referencia normal para T3 nunca fue diseñado para aplicarse a personas en un estilo de vida bajo en carbohidratos (es decir, comiendo acorde con nuestra biología).

¿Es insensato? Sí, debido a que por años y en contra de la lógica científica, nos enseñaron a sobreconsumir carbohidratos a la par que se determinaban los rangos “normales” de los parámetros de salud.

Así, niveles más bajos de T3, el contexto de una TSH normal, T4 normal y la ausencia de signos y síntomas de hipotiroidismo, observados en quienes practicamos ayunos y una dieta baja en carbohidratos son probablemente normales.

Indiscutiblemente, debemos pedir a gritos que se realicen estudios prospectivos grandes que ayuden a esclarecer este tema.

Sin embargo, tenemos argumentos para creer que desaconsejar la restricción de carbohidratos por debajo de 100 gramos para evitar ‘afectar la tiroides’ es una recomendación que sólo se basa en suposiciones erróneas. En palabras de Dr. Phinney, puede ser ignorada.

Ah, perdón, pero me tengo que ir… ya me sirvieron mi bistec con aguacate. Hasta la próxima!

¿Tienes hipotiroidismo? ¿Has sido alertado por tu profesional de no restringir los carbohidratos dada tu condición?

Archivado en:Fundamentos de Low Carb Keto Etiquetado con:alimentacion, dieta keto, hashimotos, hipertiroidismo, hipotiroidismo, keto para tiroides, tiroides

¿Es La Dieta Keto Realmente Pro-inflamatoria?

agosto 10, 2019 Por Dr. Mauricio Arango MD

Análisis de estudio reciente publicado en el Journal Obesity

Hoy día sabemos, gracias a múltiples estudios, que la inflamación crónica de bajo grado conlleva al desarrollo de las enfermedades crónico-degenerativas, comúnmente llamadas “enfermedades no transmisibles’’, entre ellas la diabetes tipo 2. R

El tejido graso como modulador de inflamación

El tejido graso, que al principio se caracteriza por actuar como un aislante térmico y como protector de órganos (tejido graso blanco), sufre una disfunción, desencadenante de una tormenta metabólica, por lo que se entiende al tejido adiposo como “órgano endocrino”. Esta tormenta metabólica está caracterizada por la liberación de moléculas llamadas citoquinas, como las adipoquinas, siendo el efecto pro-trombótico y pro-inflamatorio, su principal función a desarrollar. R

Tres teorías se han postulado para entender la relación que hay entre la adiposidad y las enfermedades: 1) la portal/visceral, 2) la lipodistrofia adquirida y 3) la teoría del paradigma endocrino. R

A continuación, una breve descripción de cada una:

Teoría porta/visceral

Esta teoría plantea que el drenaje de los ácidos grasos a la circulación porta lleva a una inhibición de la acción de la insulina, lo cual disminuye la oxidación de la glucosa y, por tanto su utilización muscular. Para compensar el efecto, se aumenta entonces la producción hepática de glucosa y de lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL), además de generarse un efecto lipotóxico sobre las células beta del páncreas; eventos todos que podrían explicar la relación entre obesidad, la insulinorresistencia y diabetes de tipo 2. 

Teoría de lipodistrofia adquirida

También llamada síndrome de almacenamiento ectópico de grasa, se refiere al almacenamiento de lípidos en el hígado, en el músculo y en las células beta pancreáticas, en pacientes con resistencia patológica a la insulina. Además plantea el incremento en el tamaño de la célula grasa asociada, representándole una incapacidad para continuar expandiéndose y para acomodar un mayor flujo de energía. R

Teoría del paradigma endocrino

Se basa en el conocimiento del tejido adiposo como un órgano endocrino que produce péptidos bioactivos (moléculas vivas), que no sólo influencian al adipocito en una forma autocrina (mismo lugar), paracrina (lugares cercanos), sino también a distancia, afectando varias funciones metabólicas, incluyendo las vías cerebrales.

Las adipoquinas que produce el tejido adiposo poseen funciones y estructuras diferentes según el contexto metabólico y comparten comunicaciones bioquímico-moleculares, que incluyen hasta el sistema nervioso central. R

Funciones de algunas adipoquinas:

  • Factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α): En el tejido adiposo, reprime genes comprometidos en la captación de ácidos grasos no esterificados y de glucosa, ayudando a la hiperglucemia y a la mayor circulación de ácidos grasos en la sangre. R
  • Interleucina 6 (IL-6): Su expresión y secreción son de dos a tres veces mayores en el tejido visceral que en el tejido subcutáneo, y niveles circulantes se correlacionan positivamente con obesidad, con intolerancia a la glucosa y con la insulino resistencia. R
  • La adipsina y la proteína estimulante de acetilación: Ambas proteínas se correlacionan positivamente con adiposidad, con insulino resistencia, con dislipidemia y con enfermedades cardiovasculares. R
  • La resistina: constituye un vínculo con el entorno inflamatorio, debido a su predominante producción por monocitos y por su correlación con los niveles de IL-6. R
  • Proteína 4 ligante de retinol (RBP-4): Su expresión aumentada desmejora la acción de la insulina en el músculo y en hígado, de forma tal que sus niveles elevados se asocian con insulino resistencia en humanos obesos y en aquellos con diabetes tipo 2. R
  • Inhibidor del activador del plasminógeno (PAI-1): Observado en la obesidad y en la insulino resistencia, se correlacionan positivamente con el síndrome metabólico. R
  • Sistema renina-angiotensina-aldosterona: Un aumento en su producción contribuye a un incremento de masa adiposa, la angiotensina II actúa localmente como factor trófico para la formación de nuevo tejido adiposo. R
  • 11 β-dehidroxiesteroide dehidrogenasa: Varias observaciones asocian la actividad de la enzima tipo 1 con la obesidad, con la insulino resistencia y con otros hallazgos de síndrome metabólico. R

Las diferentes funciones bioquímicas de las adipoquinas dependen en gran medida del estado metabólico del individuo.

No cabe duda, entonces que la disregulación de dichas funciones, dada por el desacople de los mecanismos contrarreguladores, entre ellos las moléculas anti-inflamatorias como la IL-10,  conllevará a un estado principalmente proinflamatorio, promotor del desarrollo de enfermedades, como la diabetes tipo 2.

Si de base entendemos la relación del estado proinflamatorio, del cual, el tejido adiposo es un perpetrador, y el desarrollo de enfermedades, nos será claro que  toda estrategia encaminada a la disminución de exceso de grasa corporal y visceral, será una herramienta antiinflamatoria per se.

En este sentido, vale la pena postular la importancia de llevar una alimentación baja o muy baja en carbohidratos, conocidas popularmente como “low carb” y “keto diet” respectivamente. Se ha demostrado que biomarcadores como el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) R, la sensibilidad a la insulina R, ácidos grasos libres en sangre R, lipoproteína LDL pequeñas y densas R, apolipoproteína B y A-1 R, triglicéridos R, la razón total cholesterol/HDL-c R, la proteína C reactiva (PCR) R, entre otras, mejoran en gran medida en sujetos que siguen este estilo de alimentación. Todos asociados, y algunos, correlacionados con enfermedades metabólicas, como la enfermedad cardiovascular. R

Nuevo estudio demuestra que la dieta keto es inflamatoria…  ¿O no?

En el mes de mayo del año actual, 2019, Dr. Michael Rosenbaum y Kevin Hall publicaron un estudio que titularon Glucose and lipid homeostasis and inflammation in humans following an isocaloric ketogenic diet, en el journal Obesity, en el que se concluye todo lo contrario a que les he mencionado arriba.

Pareciera, en cambio, según Rosenbaum y Hall, que la dieta Keto aumenta algunos parámetros inflamatorios.

No se necesitó mucho tiempo que aquellos que continúan malentendiendo la dieta Keto, en su mayoría profesionales de ideología vegana (sí, ideólogos veganos) inundaran las redes sociales con el fin de reclutar más disidentes.

¿Son de preocupar los hallazgos? No necesariamente.

Más bien, es de preocupar la ineficiencia de los autores a la hora de interpretar sus resultados. Pero más preocupante aún, en la incapacidad de quienes usan estos estudios para confirmar su ya parcializada visión, sin asumir la responsabilidad que conlleva la propagación de información no fidedigna al público en general.

Primero es importante asumir responsabilidad sobre la interpretación de lo que estamos leyendo: Entender lo leído e interpretar los datos obtenidos en dicha lectura es algo que se conoce como lectura crítica basada en la evidencia.

A menudo me hallo perplejo ante la situación en la que hoy vivimos: Parecemos estar, más que nunca, conectados por la tecnología, pero desconectados en sabiduría e inteligencia. Nos apresuramos en enviar un mensaje de alguna temática sin antes saber si lo que estamos leyendo y propagando es basado en las verdades más plausibles posibles. Esta verborrea anti-intelectual que nos inunda sólo perpetúa la somnolencia crítica, que tanto atenta contra la naturaleza  pensante, lógica y de raciocinio, como lo es la naturaleza del ser humano. 

Desglosando el estudio de Rosenbaum y Hall

Observemos los puntos a destacar con los que los autores llegaron a  la conclusión del estudio:

  • Objetivo 

«El objetivo de este estudio fue medir los cambios en la glucosa, los lípidos y la inflamación parámetros después de la transición de una dieta basal (BD) a una dieta cetogénica isocalórica (KD)«

Lo que están planteando los autores es evaluar y medir algunos cambios metabólicos de sujetos que hacen una transición de una alimentación tipo estándar americana (Standard American Diet, SAD, a una alimentación muy baja en carbohidratos. Adentrémonos ahora a analizar si la conclusión de los autores es realmente  coherente con los hallazgos encontrados en el estudio. 

  • Metodología

«La homeostasis de la glucosa, la homeostasis lipídica y la inflamación se estudiaron en 17 hombres (IMC: 25-35 kg / m2) durante 4 semanas de un BD (dieta basal – BD en inglés) (15% de proteína, 50% de carbohidratos, 35% de grasa) seguido de 4 semanas de una KD isocalórica ( 15% de proteína, 5% de carbohidratos, 80% de grasa). Las respuestas posprandiales se evaluaron después de las pruebas de comidas mixtas combinadas con las composiciones de BD (comida control [CM]) y KD (comida cetogénica)«

En la metodología observamos tres  tipos de dietas para la intervención en los pacientes: 1) dieta basal (BD), 2) dieta cetogénica (KD), 3) mixta (CM y KM –  mixed-meal tests (MMTs). Lo interesante es que no se interviene a los sujetos en el estudio con la dieta mixta, sino hasta la cuarta semana, de cada una de las otras dos intervenciones. Es decir,  tanto el grupo en BD, como en KD tienen tres semanas en su dieta correspondiente antes de entrar en una dieta mixta, igual para ambos grupos.

De entrada, se me dificulta anticipar una conclusión fidedigna con respecto a parámetros metabólicos de los sujetos como respuesta a la intervención KD, ya que la introducción, tan temprana de la dieta mixta, estropearía las adaptaciones dadas por la misma. En otras palabras, la metodología propiciaría. un ambiente metabólico mixto, que no refleje los efectos de un metabolismo dependiente de glucosa, ni un metabolismo dependiente de cuerpos cetónicos. 

Un punto a favor en la metodología del estudio fue que se llevó a cabo en pacientes hospitalizados, permitiendo cierto nivel de control a las variables.

La principal tesis del estudio se lee a continuación:

«También exploramos los cambios en la homeostasis de glucosa y lípidos y en los marcadores inflamatorios en esta población para probar la hipótesis de que estos factores de riesgo de comorbilidad se vieron significativamente afectados por el contenido de macronutrientes en la dieta«

Pese a que el estudio se llevó a cabo en un ambiente hospitalario controlado, en los menús se incluyeron  azúcares añadidos y productos procesados. Debido a que se trataba de pacientes con grados diferentes de disfunción adiposa, con un índice de masa corporal por fuera de metas (IMC>25), cualquier grado de azúcar, por mínimo que sea puede tener un impacto importante en su metabolismo:

«Ambos menús contenían cantidades mínimas de alimentos procesados ​​y, a pesar de las grandes diferencias en la composición de macronutrientes, las proporciones de azúcares refinados a no refinados fueron similares entre las dietas«

¿Fue la conclusión del estudio coherente?

En cuanto a la conclusión planteada por los autores, esta parece una especulación, más que la derivación de un análisis de los resultados reportados. A continuación veremos los resultados del estudio, según lo descrito por los autores, basados en resultados bioquímicos de los pacientes.

  • Resultados

«Cetonas en ayunas, glicerol, ácidos grasos libres, glucagón, adiponectina, péptido inhibidor gástrico, total y el colesterol de lipoproteínas de baja densidad y la proteína C reactiva aumentaron significativamente en la KD. La insulina en ayunas, los péptidos C, los triglicéridos y el factor de crecimiento de fibroblastos 21 disminuyeron significativamente.«

Es curioso que en el texto los autores reporten  que la KD aumentó significativamente la proteína C reactiva (PCR), un factor importante de inflamación, cuando la tabla #5 lo contradice. Incluso es evidente, en la misma tabla de resultados que , la interleucina 6 (IL-6), otro factor de inflamación, disminuye en la KD.

Veamos la tabla #5 a continuación:


DIETA BASAL CON LA PROTEÍNA C REACTIVA (CRP-en inglés) Y LA IL-6:

CRP (mg/L) 1.17 (3era semana) 1.37, (4ta semana)  = AUMENTA

IL-6 (pg/ml) 1.20 (3era semana) 1.21 (4ta semana) = AUMENTA
—
KETO DIET (KD) CON LA PROTEÍNA C REACTIVA (CRP-en inglés) Y LA IL-6:

CRP (mg/L) 1.41 (3era semana) 1.13 (4ta semana) = DISMINUYE

IL-6 1.70 (3era semana)  1.55 (4ta semana) = DISMINUYE

Ahora, en el siguiente extracto podemos ver que según lo dicho anteriormente, la sensibilidad a la insulina mejoró en la KD. Algo que es positivo para mejorar la tormenta metabólica en los pacientes obesos y propensos a la diabetes tipo 2:

«Durante la KD, el área de glucosa bajo la curva fue significativamente mayor con ambas comidas de prueba, y el área de insulina bajo la curva fue significativamente mayor sólo para el CM (comida control). Los análisis de la homeostasis de la glucosa sugirieron que la sensibilidad a la insulina KD disminuyó durante la CM pero aumentó durante la comida cetogénica.

La anti-lipólisis mediada por insulina disminuyó en el KD independientemente del tipo de comida«

Aún más,

“[Los pacientes] se encontraban en un estado de balance energético negativo debido a la alimentación inadecuada durante todo el estudio”

Llama la atención que un estudio de intervención, llevado a cabo en un centro hospitalario, en donde una de sus fortalezas era controlar la calidad de la mayoría de las variables, dicha fortaleza se haya convertido en un punto negativo para el estudio. Quizá convenga hacerse entonces la pregunta: ¿No era más conveniente suspender el estudio o reajustar la intervención dietaria?

«El gasto de energía por calorimetría de cámara fue la variable de resultado primaria de este estudio y fue aproximadamente 60 kcal / d mayor en la KD, predominantemente debido a los primeros cambios en el gasto de energía«

Interesantemente, se reporta que la KD fue superior en el gasto energético, aún siendo la alimentación inadecuada, en los dos grupos. Este hallazgo es destacable, ya que nos invita a concluir que quizá convenga preferir una KD si la alimentación no es la ‘adecuada’ en términos de calidad.

«Las cetonas plasmáticas, los FFA y el glicerol fueron significativamente más altos durante las últimas 2 semanas del KD en comparación con el BD. Informamos previamente que la secreción absoluta de insulina, estimada por la excreción urinaria de péptido C de 24 horas, disminuyó significativamente durante la KD«

Es de esperarse que en la KD se produzca una mayor movilización de ácidos grasos libres y de glicerol, tal y como lo reportan los autores. Además la disminución absoluta de la secreción de la insulina se da por el proceso de gluconeogénesis compensatoria. Precisamente esto explica la ya conocida habilidad del cuerpo de crear su propia glucosa, aún sin fuentes exógenas de la misma.  El metabolismo hepático, muscular y adiposo son fuentes naturales de la producción de la glucosa endógena necesaria para el organismo.

«La Figura 1 y la Tabla 6 ilustran que los valores de AUC glucosa absoluta y relativa fueron significativamente más altos durante el CM y KM en la KD (P = 0.0001) y que los valores de AUC insulina absoluta y relativa, pero no la AUC glucosa, fueron significativamente más altos durante la CM en KD (P = 0.0002), lo que sugiere que la sensibilidad a la insulina disminuyó durante la CM (glucosa más alta e insulina más alta) y probablemente disminuyó (glucosa más alta a pesar de no haber una disminución significativa de la insulina) durante el KM en sujetos durante la KD«

En pocas palabras,la glucosa e insulina marcaron como ‘’elevadas’’ en el momento en que se introdujo el tercer tipo de alimentación, la mixta. Esto es de esperarse, ya que la dieta mixta propone cambios en la dieta que venían teniendo los sujetos en la que no había gran estimulación de la insulina comparado con la dieta recién introducida. Además, el poco tiempo de adaptación metabólica (sólo tres semanas en KD), implica una variabilidad en  los resultados, comparado con lo que podríamos observar en sujetos que lleven una KD y permanezcan en ella por un tiempo prudente, mayor a 3 semanas.

«Citocinas, marcadores inflamatorios y otras moléculas, las citocinas inflamatorias (PCR e IL-6), adiponectina, PYY, el GIP insulinogénico y activador de lipoproteína lipasa, y el GLP-1 insulinogénico y FGF21 fueron estables y se correlacionaron significativamente entre las semanas 3 y 4 y dentro de cada dieta«

Lo anterior informa una estabilidad en los parámetros inflamatorios en ambas dietas. Sin embargo, esto no fue lo que reportaron los autores en los resultados, habiendo cambios en la PCR y la IL-6, cuyos valores en la KD disminuyeron a la cuarta semana de intervención.

A este punto y con base en el anterior apartado, nos son evidentes dos cosas:

  • Que una KD no aumenta los parámetros inflamatorios de la manera que lo concluyeron los autores en su publicación.
  • Que como este error de interpretación y de análisis de su propia investigación, los autores pueden haber cometido otros más.

Otro párrafo que nos permite evidenciar el análisis erróneo de sus hallazgos, a continuación:

«Las concentraciones circulantes de PCR, adiponectina, glucagón y GIP fueron significativamente más altas, mientras que FGF21 disminuyó significativamente durante la KD, PYY no fue cambiado significativamente«

Ahora bien, los autores reportan también que el perfil lipídico en la KD estuvo estable, e incluso que mejoró el valor de la lipoproteína HDL-c, la cual se ha considerado cardioprotectora, como lo vemos como sigue:

«Los lípidos, el colesterol total en ayunas, el colesterol HDL, el colesterol LDL y los triglicéridos fueron todos estables y se correlacionaron significativamente entre las semanas 3 y 4 y dentro de cada dieta. El colesterol total en ayunas y el colesterol HDL fueron significativamente más altos, y los triglicéridos fueron significativamente más bajos durante la KD«

Nuestros Análisis de las Conclusiones de Rosenbaum y Hall

Ahora según los hallazgos descritos en los resultados y teniendo en cuenta algunas contradicciones en sus apartados, miremos cuáles son las conclusiones del estudio y cómo se pueden interpretar a la luz de la crítica.

  • Conclusiones

«El cambio al KD se asoció con un aumento del colesterol y los marcadores inflamatorios, disminución de los triglicéridos y disminución de la antilipólisis mediada por insulina. Parámetros de homeostasis de glucosa dependían de la dieta y dependían de la comida de prueba«

Según lo dicho anteriormente, podemos observar una mezcla de resultados en diferentes tiempos de intervención. Hablan de aumento de marcadores inflamatorios en el cambio a la KD, pero vimos que antes disminuyeron a la cuarta semana de intervención e incluso aumentaron en el grupo control. Hablan de aumento del colesterol pero no detallan lo que conforma el perfil lipídico del grupo intervenido con KD, en donde vemos claramente aumento de la lipoproteína HDL-c, disminución de los triglicéridos, y disminución del valor absoluto de la insulina haciendo que dicho aumento en el colesterol total no sea aterogénico. 

«Descubrimos que el cambio de BD a KD resultó en un aumento significativo de las concentraciones circulantes de cetonas en ayunas, glicerol, FFA, glucagón, adiponectina, GIP, colesterol total y LDL, y PCR y disminución de la insulina en ayunas, péptidos C, triglicéridos y FGF21. La antilipólisis mediada por insulina durante la KD disminuyó«

Según lo dicho anteriormente, descubrieron mal. Hablan que en el mismo paquete de aumento significativo de algunos parámetros metabólicos como los cuerpos cetónicos en el inicio del cambio a la KD, es decir, en la primera semana de intervención, se puede aseverar el aumento de la PCR, la cual hemos dicho anteriormente que es falso, según sus mismas tablas de resultados (ejemplo, tabla #5).

Además, hablan de disminución de la insulina en ayunas, disminución de los triglicéridos, disminución de la antilipólisis, aumento del glucagón y aumento de los cuerpos cetónicos. Lo anterior, cuyo concepto parece habérseles escapado de su conocimiento se refiere a un proceso netamente fisiológico llamado cetogénesis y gluconeogénesis.

Parece que en su interés por categorizar los efectos observados en los pacientes, se apresuraron a llamarles “ pro-inflamatorios” a efectos puramente naturales y además benéficos.

«Similar a los autores del presente estudio, Jebb et al. (21) no encontraron efectos de las dietas isocalóricas de bajo índice glucémico versus las dietas de alto índice glucémico sobre la sensibilidad a la insulina durante un período de 4 semanas. Partsalaki y col. (22) examinaron los efectos de un KD ad libitum versus una dieta baja en calorías (30% -35% de grasa, 50% -55% de carbohidratos; déficit de 500 kcal / día) en niños con obesidad y descubrieron que aunque había una mayor pérdida de peso en el KD, no hubo diferencias significativas en la sensibilidad a la insulina más allá de las atribuibles a la pérdida de peso«

Cuestionándonos sobre el  peso lógico, argumentativo y bioestadístico de los estudios mencionados aún vemos la superioridad de la KD en niños con obesidad para mejorar su composición corporal y por ende las complicaciones futuras de la misma.

«Otros estudios, algunos más recientes (25) y otros que datan de más de 75 años (26), han informado que las dietas bajas en carbohidratos, pero no necesariamente KD, pueden dar lugar a una intolerancia a la glucosa en algunas personas«

Según lo dicho anteriormente, el término «intolerancia a la glucosa» puede ser fisiológica como en el embarazo y también en la transición a un metabolismo ceto-energético, siendo completamente fisiológico y natural. Este es un claro ejemplo donde la contextualización permite entender si la ‘’intolerancia a la glucosa’’ es natural o patológica. 

«A partir de estos datos, no se puede determinar la importancia fisiológica del aumento aparente de la sensibilidad a la insulina en respuesta a un MMD KD versus la disminución de la sensibilidad a la insulina en respuesta a un MMT BD en el KD (ambos en relación con el BD)«

Resulta irónico, cómo en el párrafo anterior llegan a la conclusión de no poder determinar la importancia fisiológica del aumento aparente de la sensibilidad a la insulina, pero sí llegan a la conclusión tajante de que la KD aumenta los parámetros inflamatorios.

«Las consecuencias para la salud de la mejora de la sensibilidad a la insulina, siempre y cuando uno permanezca con KD, pueden ser pequeñas debido a las bajas concentraciones de insulina en dicha dieta«

También me resulta cuestionable su juicio en este asunto: Los pequeños cambios positivos de la sensibilidad a la insulina en personas con KD no parecen ser de importancia, pero si les parecen destacables los cambios en el colesterol total y en la lipoproteína LDL-c, dos herramientas muy usadas para tergiversar los beneficios de la KD en contextos cardiometabólicos. 

«De manera similar, la duración de la sensibilidad a la insulina disminuida implícita en alguien que pasa de una dieta baja en carbohidratos o KD a una dieta alta en carbohidratos y los efectos a largo plazo en la salud no pueden evaluarse en la actualidad«

Parece con lo anterior, como si los autores estuvieran animándonos a ignorar los más de 60 años de evidencia epidemiológica y bioestadística en cuanto a los efectos obesogénicos y de riesgo cardiovascular, resultado de la transición de una alimentación baja o muy baja en carbohidratos a la alimentación moderada a muy alta en carbohidratos de la actualidad. ¿Será que no tenemos suficiente data en más de 60 años de ello?

«La reducción de la antilipólisis mediada por insulina en el KD debería favorecer la pérdida de grasa corporal. Sin embargo, la importancia fisiológica de este hallazgo no está clara porque parece poco probable que los efectos adicionales de la KD para disminuir la antilipólisis mediada por insulina se sumarían significativamente a los altos niveles de lipólisis que ya se producen como resultado de bajas concentraciones circulantes de insulina. De hecho, la pérdida de grasa corporal no aumentó durante el período KD en comparación con el período BD, como se informó anteriormente«

Aún más, los autores parecen ignorar de golpe la significancia del efecto lipolítico de la KD. Es este efecto el contribuyente a mejoras en la sensibilidad a la insulina y de la composición corporal, siendo la quema de grasa visceral y subcutánea, factores que a su vez contribuyen a que los pacientes con diabetes tipo 2 mejoren sus requerimientos insulínicos y de medicamentos alopáticos y evitando las múltiples complicaciones a futuro.

Parecen además ignorar las ya actualizadas recomendaciones (2019) de la American Diabetes Association (ADA) para que se intervenga, nutricionalmente, con KD a los pacientes con diabetes tipo 2 dada la robusta eficacia de la misma.

«Las concentraciones circulantes de PCR, pero no la citocina inflamatoria IL-6, fueron significativamente más altas en la KD. Se ha informado que la cetosis en ratones aumenta la expresión específica de tejido (hígado y tejido adiposo blanco) de citocinas inflamatorias (p. Ej., Factor de necrosis tumoral alfa, IL-6 y marcadores de macrófagos y regula negativamente el receptor de FGF«

Decepcionante es ver como los autores  vuelven a cometer la falacia de afirmar que la PCR aumenta y la IL-6 no, a sabiendas  que las dos marcadores disminuyen en la KD, demostrada con la misma tabla #5 y resultados del estudio. Además, ya en otros estudios, se ha reportado una mejoría en el metabolismo de ciertas moléculas pro-inflamatorias como el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) como resultado de una KD. R

En lo que sí podemos estar de acuerdo con los autores es en las siguientes conclusiones:

«Quizás la duración limitada de los MMT en el estudio actual no fue suficiente para reflejar mejoras en el aclaramiento de triglicéridos asociados con la adaptación a una dieta alta en grasas«

«Una fortaleza de este estudio es que se realizó en un entorno hospitalario con cumplimiento dietético y conductual asegurado, como se evidencia en la estabilidad de las pruebas bioquímicas / endocrinas. Esta investigación está limitada por su examen de una dieta extremadamente baja en carbohidratos (cetogénica) que difería sólo en proporciones relativas de macronutrientes, no en la calidad de los macronutrientes. Los resultados no pueden extrapolarse a dietas bajas en carbohidratos y no cetogénicas; a dietas con restricciones específicas sobre tipos de azúcares o grasas; o a los efectos del contenido de macronutrientes en la dieta sobre las comorbilidades durante períodos más largos de tiempo«

Sin embargo, a pesar que ya hemos visto algunas contradicciones de algunos apartados anteriores, ellos concluyen al final:

«En resumen, este estudio muestra que el cambio de un BD a un KD isocalórico se asocia con lo siguiente: aumento del colesterol LDL en plasma pero disminución de los triglicéridos, aumento de la PCR plasmática pero disminución de FGF21, reducción de la sensibilidad a la insulina glucémica a una comida con contenido normal de carbohidratos, insulina mejorada sensibilidad a un KM, y sensibilidad a la insulina antilipólisis deteriorada independientemente del tipo de comida«

Mi reflexión final del estudio de Rosenbaum y Hall

Para terminar, me permito repetir que ya otros estudios han demostrado que la alimentación baja o muy baja en carbohidratos disminuye los parámetros inflamatorios, lo cual reduce los riesgos de desarrollar enfermedades cardiovasculares o metabólicas. 

Estudios como el analizado en el presente escrito, cuyas conclusiones no reflejan la exhaustiva revisión de los resultados reportados, sólo confunden.

Ya vimos como, según Dr Michael Rosenbaum y Kevin Hall la Keto Diet promueve el aumento de algunos parámetros inflamatorios.

Basta una lectura minuciosa para darnos cuenta cómo los mismos autores fallan a la hora de interpretar sus resultados, incluso planteando metodologías poco adecuadas para la pregunta que buscaban resolver. En lo que a mi respecta, me es difícil sólo quedarme con la interpretación superficial de lo que leo y lo que ‘’puede haber sucedido’’. 

En casos como estos me planteo la pregunta ¿Será que hay algún interés ideológico detrás de todo ésto? Yo sólo sé que muchas personas nada saben, otros saben menos, pero muy pocos saben mucho.

Mi reflexión final es, si el grupo de los “muy pocos que saben mucho” pertenece a los científicos e investigadores , ¿Por qué los que “sabemos menos” identificamos ignorancia en el saber de los que saben mucho?

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Dieta Cetogénica como Medicina y Para Rendir en el día a día

marzo 16, 2018 Por Paula Rincón

Dieta Cetogénica como Medicina y Para Rendir en el día a día

La dieta cetogénica, o dieta keto, cada día nos sorprende con los increíbles beneficios que mejoran la calidad de vida de quienes adoptan este estilo de alimentación.

A medida que vamos adentrándonos más en el mundo de la dieta cetogénica, son más los testimonios que escuchamos de personas que han comenzado a aplicar en sus vidas una dieta baja en carbohidratos y altas en grasas saludables, tal es el caso de William León.

Conoce su anécdota y convéncete de una vez por todas que la salida para una vida más longeva es, sin lugar a dudas, la dieta cetogénica.

Dieta cetogénica cómo medicina

William, un estudiante de último año de Medicina de la Universidad de California, Riverside, entró en esta dieta tras un debate que tuvo con un profesor de su carrera que argumentaba estar «curando la diabetes» en su práctica privada fuera de la escuela de medicina.

¿El método? Una ingesta alta de grasas saludables y casi nula de carbohidratos.

La dieta cetogénica ha demostrado tener buenos efectos en la regulación de la insulina (hormona que se ve aumentada en la diabetes mellitus), debido a que se aumenta el consumo de grasas sanas para que sean usadas como fuente de energía.

La razón por la cual las grasas saludables regulan los niveles de insulina, es porque no requieren de esta hormona para ser metabolizadas, es decir, cuando consumes grasas, no se eleva la insulina.

Por el contrario, los carbohidratos e incluso las proteínas, requieren de insulina para su metabolismo, de manera que mientras más carbohidratos consumas, mayor serán tus niveles de insulina, ocasionando una serie de complicaciones como resistencia a la insulina, diabetes, síndrome metabólico, etc.

Es por esta razón que en la dieta cetogénica la ingesta de carbohidratos es casi nula.

Puedes leer la explicación completa del metabolismo de los carbohidratos, en nuestro artículo anterior, haciendo clic aquí.

Dieta cetogénica para rendir en el día a día

William quiso poner a prueba en sí mismo la dieta cetogénica, con el fin de ver variaciones en sus valores sanguíneos (glucosa, insulina, colesterol, etc.), pero lo que encontró fue que este estilo de vida le permitía enfocarse mejor durante sus horas de estudio, sin tener que interrumpir estas sesiones por la ansiedad de ir a comer «snacks».

Cuando se mantiene una dieta baja en carbohidratos y se obliga a las células del cuerpo a consumir las grasas como fuente de energía, esto produce cuerpos cetónicos, los cuales se han demostrado que atraviesan fácilmente la barrera hemato-encefálica, por lo tanto, es una fuente de energía eficaz y rápida para las neuronas.

Además, las grasas saludables son ricas en Omega 3, 6 y 9, los cuales son neuro-protectores, razón por la cual, estar cetogénica te da más energía que cualquier bebida energizante.

Este es episodio 005 de Rincón Healthy hablamos de la dieta como terapia en enfermedades crónicas, valores sanguíneos de colesterol, impacto hormonal de la dieta y muchas cosas más!

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