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CSALUDABLE

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Análisis Crítico de la Literatura Low Carb Keto

Tanto las Carnes Blancas Como las Rojas son Inocentes

septiembre 30, 2019 Por Dr. Mauricio Arango MD

Ya en ¿Son las carnes blancas, en realidad tan malas como las rojas? Paula nos proporcionó un resumen de su análisis acerca de este reciente estudio.

Como era de esperar, numerosos fueron los encabezados de prensa que se apalancaron para ennegrecer la reputación de los productos animales.

En este caso, tanto la carne blanca, como la roja.

A continuación, amplío el análisis de Paula con un análisis un poco más extenso, para aquellos colegas a quienes les gusta indagar más.

Otras limitaciones del estudio

Además de las ya presentadas en ¿Son las carnes blancas, en realidad tan malas como las rojas?, en este artículo, agrego las siguientes:

1. Los criterios de inclusión del estudio.

Los criterios de inclusion fueron:

“hombres y mujeres sanos de 21 a 65 años que cumplían con los siguientes criterios: IMC 20-35 kg /m2; presión  arterial <150/90; glucosa en ayunas <7 mmol / L, colesterol total y LDL ≤95 percentil por sexo y edad; Triacilglicerol en ayunas <5.65 mmol / L”

Acá notamos que los criterios de inclusión, usados por los investigadores, pueden fácilmente abarcar individuos que no son sanos. Ya que un índice de masa corporal (IMC) mayor que 25 se considera por encima del umbral de “normal”.

Aunque sabemos que la composición corporal es lo más importante para clarificar y descifrar un IMC fuera de metas, sabemos que lo menos probable es que los sujetos intervenidos eran fisicoculturistas.

Además, si tomamos en cuenta que un valor de glucemia dentro del rango «normal», entendido en la medicina tradicional, no descarta prediabetes, no se puede hablar tan a la ligera de sujetos sanos. 

Además, como si algo más faltara, a pesar que  midieron los parámetros de inflamación de bajo grado como la proteína C reactiva (PCR) y la insulina, no los pusieron como criterios de inclusión ni de exclusión.

Estos parámetros ayudan a la definición de un paciente metabólicamente sano y no los tuvieron en cuenta para ello.

2. El contexto dietético de cada participante

“Las dietas se asignaron en orden aleatorio y se consumieron durante 4 semanas cada una, separadas por un período de lavado de 2 a 7 semanas durante el cual los participantes consumieron su dieta habitual”

Sin embargo, la dieta habitual de los participantes pudo contener alimentos ricos en grasas hidrogenadas, azúcares añadidos y carbohidratos simples, que de una u otra manera alterarían los resultados de todos los participantes.

¡Por lo que vemos parece que no se tomaron muy en serio la investigación!

3. La composición dietética del estudio: 

  • La elección de los investigadores de ácidos grasos saturados provinieron de la mantequilla y la leche, en vez de las carnes ricas en ácidos grasos.

    Ya que, si lo que querían era ver el impacto metabólico de las carnes rojas y blancas altas en ácidos grasos saturados en el desarrollo de las ECVs (como dice el título del estudio), no debieron administrar altas cantidades de mantequilla y de productos lácteos.

    Además, permitieron la inclusión de azúcares simples, tanto en las dietas experimentales, como en la ‘’dieta de lavado’’.

    ¿Acaso no saben los autores que los azúcares simples están asociados con un mayor riesgo de hiperinsulinemia y por ende de inflamación de bajo grado, alterando el perfil lipídico (que es la variable dependiente que están midiendo)?

  • El porcentaje de carbohidratos como principal fuente de energía fue de casi un 50% de calorías.

    Esto hace que los pacientes tengan un metabolismo diferente en comparación a aquellos con una alimentación baja o muy baja en carbohidratos, en donde los parámetros bioquímicos cambian sustancialmente por la acción de la hiperinsulinemia y factores inflamatorios como la PCR.

  • En cuanto a las calorías de las dietas del experimento:

    “Se desarrollaron menús rotativos de cuatro días para todas las dietas, y se pusieron a disposición a 5 niveles de energía (6275, 8365, 10,460, 12,550, 14,645 kJ) con provisiones de 1045 kJ de refrigerios niveles de energía (6275, 8365, 10,460, 12,550, 14,645 kJ) con provisiones de 1045 kJ de refrigerios que reflejan la composición de nutrientes de las dietas experimentales para individuos cuyas necesidades se encuentran entre niveles de energía”

    Llama la atención el no cambio sustancial en el peso a pesar de la cantidad de calorías de las dietas experimentales que sobrepasan los siempre comúnmente mencionados 2.000 kc/día.

    ¿Será que debe de influir el aumento en el consumo de ácidos grasos saturados de origen animal en dicho efecto protector encontrado en el peso?

4. Medición de otros parámetros no descritos al principio de la metodología

“Otros resultados secundarios se informaron por separado del modelo homeostático de resistencia a la insulina, marcadores inflamatorios (proteína C reactiva, TNF-α, IL-6, MCP-1) y apolipoproteína A-II (apoA-II)”

Esta clase de mediciones se deben de incluir en la metodología y explicar las herramientas a utilizar.

Llama la atención el interés de los marcadores descritos como “otros”, ya que los autores posiblemente tienen conocimiento de la importancia de la inflamación de bajo grado gracias a la hiperinsulinemia crónica secundaria al alto consumo de carbohidratos totales en la dieta.

Sin embargo, es contradictorio permitir el consumo tan alto de carbohidratos diarios, entre ellos los azúcares simples.

5. Por su no mención en la metodología, no queda claro el tiempo del desarrollo del estudio.

No explican detalladamente en qué momento de esos 4 años se realizaron las intervenciones y la recolecta de los datos. Esto conlleva a tener cierta precaución de la veracidad en la muestra de todos los datos por la falta de claridad en la metodología. 

6. La elección de los participantes, como «sujetos sanos»

“Este ensayo controlado, aleatorizado, de intervención dietética se realizó en un entorno ambulatorio (Área de la Bahía de San Francisco, California) entre el 26 de marzo de 2012 y el 27 de octubre de 2016”

A pesar del término “obesidad metabólicamente saludable (MHO – metabolically healthy obesity)”, aún es debatible si es adecuado considerar a los sujetos intervenidos en este estudio como “pacientes sanos”, ya que estaban en sobrepeso.

Realmente considerarlos sanos pese a su sobrepeso es un poco arriesgado.

La muestra no corresponde en su totalidad a la definición de “sujetos sanos”. Esto conlleva a la mala interpretación de una intervención en sujetos sanos Vs. sujetos no sanos. R

“Según las pautas actuales que definen el sobrepeso y la obesidad, la mayoría de los participantes tenía IMC normal (42%) o sobrepeso (42%), con 16% de la población del estudio que era obesa. En promedio, los participantes fueron normotensos y mostraron concentraciones de glucosa y lípidos en plasma dentro del rango normal”

7. Interpretación estadística debatible

A pesar que hubo cambios estadísticamente significativos por fórmula matemática (valor p), la correlación (factor protector o no) no demuestra que ese cambio estadísticamente significativo se deba de tomar en cuenta en la práctica médica, ni mucho menos para recomendaciones generales. 

“Hubo efectos significativos tanto de la fuente de proteína en la dieta como del contenido de SFA en el colesterol total, el colesterol LDL, el colesterol no HDL y las concentraciones de apoB, mientras que la relación global de colesterol HDL no se vió afectada por estas modificaciones dietéticas”.

Esta aseveración contradice un poco el título del estudio, a pesar que refieren al no haber cambios estadísticamente significativos en las mediciones de las lipoproteínas cuando se lleva una alimentación por encima del 10%/día de ácidos grasos saturados, recomendadas por las guías actuales de alimentación.

“Además, no hubo interacciones significativas entre la fuente de proteína y el nivel de SFA en estas mediciones de lípidos y lipoproteínas”.

8. Ausencia de datos confirmatorios para dar una recomendación dietaria general

Cuando se analiza la tabla de resultados de las mediciones y los diferentes parámetros como las lipoproteínas, a pesar que fueron estadísticamente significativas por fórmula matemática, no es confirmatorio como correlación de factor protector o no, lo que hace que no se pueda dar una recomendación tajante.

Esta interpretación superficial conlleva a recomendaciones alarmantes sin necesidad.

“Las comparaciones por pares a través de las fuentes de proteínas en la dieta mostraron que las concentraciones de colesterol total (P <0,0001), colesterol LDL (P <0,0001) y colesterol no HDL (P<0,001) fueron significativamente más altas después de la dieta de carnes rojas o blancas”

Este resultado también iría en contra del título, por no haber un aumento en las partículas pequeñas ni medianas de la lipoproteína LDL, la cual es aterogénica según algunos estudios:

“El efecto de aumento de colesterol de las dietas de carne se asoció con aumentos en el LDL grande (P<0,001), mientras que el LDL pequeño y mediano + el diámetro máximo de las partículas de LDL no se vió afectado por la fuente de proteína en la dieta”

Otra aseveración que respalda lo anteriormente explicado:

“Las concentraciones de lípidos, lipoproteínas y apolipoproteínas, junto con las concentraciones de partículas LDL grandes, medianas y pequeñas, no difirieron significativamente entre las dietas de carnes rojas y blancas (Tabla complementaria 3)”

Otros Aspectos del Estudio

A pesar del siguiente resultado, el cual volvemos a repetir “no supera la correlación de factor protector o no”, no quiere decir que el consumo de proteína animal roja y/o blanca tenga riesgo aterogénico para enfermedades cardiovasculares, ya que solo manifiestan pequeños cambios sin interpretar el contexto general del ambiente metabólico del paciente con riesgo cardiovascular:

“Las dietas de alto contenido de proteína SFA resultaron en niveles más altos de colesterol total en plasma, colesterol LDL y colesterol no HDL que las dietas bajas en SFA (todas P <0.001, Tabla 3). Esto estuvo acompañado por concentraciones más altas de apoB (P = 0.0004) y un aumento en apoB / apoA-1 con una alta ingesta de SFA (P<0.05)”

En ese mismo párrafo acotan lo siguiente:

“El aumento del colesterol LDL y la apoB con alto SFA se asociaron con concentraciones más altas de partículas grandes de LDL (P <0,001), mientras que las partículas pequeñas y medianas de LDL no se vieron afectadas por el alto consumo en comparación con la baja ingesta de SFA. Las concentraciones de partículas de lipoproteínas de muy baja densidad, lipoproteínas de densidad intermedia y subfracciones de partículas HDL no se vieron afectadas por la fuente de proteína dietética o el contenido de SFA”

En la discusión, los autores del estudio concluyen:

“Hemos demostrado aquí que, en comparación con la no carne como una fuente principal de proteínas, las dietas que contienen altas cantidades de carne roja o blanca, y sin diferencias en otros macronutrientes, dan como resultado concentraciones más altas de colesterol LDL y apoB, y que estos efectos son principalmente atribuibles para aumentar en partículas LDL grandes y ricas en colesterol”

Creo que quedaron cortos con dicho párrafo, ya que hay evidencia que relaciona el tamaño de las partículas LDL, el contenido de triglicéridos que cargan las lipoproteínas, el efecto de la hiperinsulinemia en la inflamación de bajo grado, el efecto glicador de la hiperglucemia crónica, la oxidación de la lipoproteína LDL de partículas pequeñas y otros factores, con la instauración de la enfermedad cardiovascular (ECV).

Se podría llegar a la conclusión de que, según los resultados mostrados en el estudio, el consumo de carne roja y/o blanca aumenta pobremente las partículas LDL grandes y no aumenta las partículas LDL pequeñas; no contaríamos esto como factor de riesgo real para desarrollar la enfermedad cardiovascular. Además de tener que valorar el ambiente metabólico de cada paciente. 

Y para acabar de rematar, los alimentos como la mantequilla y la leche dados en las dietas de intervención, fueron los que más aumentaron pobremente las partículas LDL pero no las partículas pequeñas, ¡qué contrasentido!:

“Como era de esperar, el nivel más alto de SFA, proporcionado principalmente por los productos lácteos y la mantequilla de toda la grasa, dió como resultado un mayor colesterol LDL y apoB, y, como se demostró anteriormente en sujetos sanos (18, 28, 29), aumentó en tamaño grande pero no medio o partículas pequeñas de LDL. No hubo interacciones entre la fuente de proteína y el nivel de SFA en la dieta en estas respuestas, de manera que los efectos fueron aditivos; es decir, las concentraciones más altas de colesterol LDL, apoB y partículas grandes de LDL resultaron de la combinación de una alta ingesta de SFA con carne roja o blanca como la fuente principal de proteínas”.

Aún así, esta otra aseveración por parte de los autores del estudio sólo confunde a la audiencia:

“Sin embargo, el presente estudio es el primero en mostrar que ambas categorías de proteínas de la carne producen concentraciones de LDL que son más altas que las resultantes de fuentes de proteínas vegetales en dietas de otro modo comparables, y que estos efectos son independientes del nivel de SFA en la dieta”.

Lo confunden porque durante todo el estudio, los autores han recalcado que el consumo de carne roja y/o de pollo aumenta la cantidad de lipoproteína LDL de partículas grandes más no pequeñas, además de no influir de manera importante en la lipoproteína HDL. 

Para finalizar, es importante recalcar que los autores del presente artículo citan algunos estudios para compararlos.

Sin embargo, hay que tener en cuenta la calidad de la dieta, los porcentajes de los macronutrientes y el efecto metabólico que ello produce.

No es lo mismo, metabólicamente hablando ,una dieta con un consumo del 39% en adelante de carbohidratos como principal fuente de energía comparándola con una dieta con un consumo de 10% o menos de carbohidratos como fuente secundaria de energía.

Los resultados bioquímicos no serán los mismos así tengan un consumo mayor de grasas saturadas provenientes de proteína animal como la carne roja y/o del pollo.

“En otro estudio reciente en 53 individuos seleccionados por un predominio de LDL pequeño (subclase LDL fenotipo B), también se produjo el consumo de una dieta de alto contenido de AGS con un contenido moderado de carbohidratos (39% E) (18% E) junto con fuentes de proteínas mixtas y aumentos en las LDL medianas y pequeñas, sin un aumento significativo en las LDL más grandes”

A pesar de todas las contradicciones anteriormente mencionadas, nos sorprende que podamos concluir clara y concisamente, como los autores del artículo lo hicieron al final:

“En particular, como se resume en otra parte, las partículas grandes de LDL, medidas por varias metodologías diferentes, no se han asociado con ECV en múltiples cohortes de población en contraste con las asociaciones observadas para concentraciones de medio, pequeño y/o muy pequeño LDL.

Aunque estas relaciones selectivas han sido cuestionadas, en gran parte debido a los efectos del ajuste para múltiples covariables, cabe destacar que varios estudios han demostrado su persistencia después del ajuste para el colesterol LDL y otros lípidos. Por lo tanto, el impacto estimado de la carne roja, la carne blanca y los SFA derivados de los productos lácteos en el riesgo de ECV, como lo reflejan sus efectos en el colesterol LDL y las concentraciones de apoB, puede verse atenuado por la falta de sus efectos en partículas de LDL más pequeñas que están más fuertemente asociadas con CVD”

Según la ilación de pensamiento de los autores del artículo, cabe destacar que al final fueron conscientes de no poder ASOCIAR NI CORRELACIONAR el consumo de carne roja y/o blanca con el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares (ECV).

¡Pero aún hay más!

Los descubrimientos de Brown y Goldstein nos ayudaron a  nuestra comprensión del metabolismo del colesterol.

Por la presencia de colesterol en las placas ateroscleróticas humanas descubiertas en 1910 y la asociación de las partículas de lipoproteínas de baja densidad (LDL) con el desarrollo de la enfermedad coronaria (EC) en 1955, el colesterol LDL fue el centro de la comprensión y estimando el riesgo de la ECV. R

La evidencia genética han identificado compuestos moleculares importantes asociados con la cardiopatía coronaria.

Estos incluyen “los roles causales establecidos de los triglicéridos, de las lipoproteínas ricas en colesterol remanente y la lipoproteína (a) en las enfermedades cardiovasculares”  R

Gracias a los hallazgos, los científicos se han visto interesados en distintas terapias, incluyendo la

inhibición del receptor Niemann-Pick C1-Like 1 (NPC1L1),  inhibiciones de la proproteína convertasa subtilisina / kexina tipo 9  (PCSK9) y la proteína de transferencia de éster de colesterilo (CETP), y la inhibición de HMGCR. R

El estudio realizado por Ference et al. enfatiza la importancia de la relación del colesterol y los triglicéridos y su asociación con la enfermedad coronaria.

En el estudio, los autores demostraron que “de manera convincente que las variantes de LPL (lipoproteína lipasa) que reducen los triglicéridos y las de LDL-R  (receptor de LDL) que disminuyen el colesterol de LDL se asociaron con un menor riesgo similar de CHD (Cardiovascular Heart Disease)  por unidad de diferencia en la apolipoproteína B (apoB). Por lo tanto, las partículas de lipoproteínas que contienen apoB serían las culpables, no los lípidos per se que se transportan en estas diversas partículas de lipoproteínas. Dado que tanto las partículas de lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL) como las partículas de LDL contienen una sola copia de la molécula de apoB, también se puede deducir que las partículas de VLDL son tan aterogénicas como las partículas de LDL’’. R

Actualmente, hay una gran cantidad de pruebas moleculares, basadas en la “hipótesis de respuesta a la retención”, para respaldar una explicación etiológica directa y coherente para el principal culpable de la aterosclerosis y la CHD como las partículas de lipoproteína que contienen apolipoproteína B. R

La explicación físico-química de iniciación de la aterogénesis es la retención de partículas de lipoproteínas que contienen apoB dentro de la pared arterial que posteriormente moléculas de proteoglicanos se unen y atrapan partículas de lipoproteínas que contienen apoB.

Según los estudios, “las consecuencias son locales, pero también una exposición prolongada de estas partículas a enzimas locales y otros factores dentro de la pared del vaso, se convierten en el ambiente hostil necesario para atrapar las partículas y modificarlas, ayudando, en compañía de macrófagos y células vasculares del músculo liso que conducen a la formación de células espumosas, al crecimiento de placas ateroscleróticas”. R

Significativamente, se ha demostrado sistemáticamente que las partículas ricas en triglicéridos se comportan fundamentalmente de la misma manera que las partículas de lipoproteína LDL en relación con “La hipótesis de respuesta a la retención”. Así también que se relacionan con el desarrollo de la aterosclerosis, sumado a la tormenta metabólica de la hiperinsulinemia característica de los pacientes obesos y diabéticos tipo 2. R

Incluso concluyen en los estudios “ahora, hoy en día el mensaje es unánime: el culpable de la iniciación y el desarrollo de la  aterosclerosis es el portador, la partícula de lipoproteínas que contiene apoB”. R

Como consecuencia de esto, cuando hay una molécula apoB, también hay lípidos: en una gran partícula VLDL puede haber más de diez mil moléculas de lípidos por una apoB, y en una pequeña partícula de LDL, alrededor de mil moléculas de lípidos por una molécula de apoB.

Los porcentajes relativos de triglicéridos y colesterol dentro de estos lípidos varían según la categoría de subclase de lipoproteínas: en las partículas más grandes de VLDL, más del 70% de los lípidos pueden ser triglicéridos y solo menos del 20% de colesterol.

Por el contrario, en partículas pequeñas de LDL, más del 60% de los lípidos puede ser colesterol (principalmente en la forma transportable de moléculas de éster de colesterol) y solo menos del 10% de triglicéridos. R

Repitiendo en sus conclusiones que “la aterosclerosis y el riesgo de CHD: es el colesterol LDL, es un colesterol residual, es una lipoproteína (a), los triglicéridos, o son todos éstos’’. R

Como expresamos en el estudio primeramente evaluado (Proteínas animales y vegetales y salud cardiovascular: APROXIMACIÓN – Animal and Plant Protein and Cardiovascular Health: APPROACH – en inglés), en donde le adicionamos nuestras conclusiones a la conclusión principal dada por los autores del artículo, también aprovechamos para realizar lo mismo con éste.

Según la literatura científica hay más de un factor de riesgo para el desarrollo de la enfermedad cardiovascular como lo son la resistencia patológica a la insulina, parámetros inflamatorios de bajo grado como la proteína C reactiva (PCR) / interleuquina 1-6, toxicidad por causa de la hiperglucemia sostenida, disminución de moléculas vasodilatadoras como el óxido nítrico vascular, aumento de la oxidación de la lipoproteína LDL de partículas pequeñas, calcificación de la vasculatura arteriolar, disminución de la lipoproteína HDL, entre otros. Ahora podemos sumar a la lista la “hipótesis de respuesta a la retención”, donde su principal factor es la apoB.

Lo que sí podemos concluir con veracidad es que todos los parámetros anteriormente descritos (que son factores de riesgo para el desarrollo de la placa ateroesclerótica, y posterior padecimiento de la enfermedad cardiovascular), mejoran con una alimentación en donde contenga fuentes de proteína animal, de grasas saludables como las saturadas y el omega 3, y un consumo bajo de carbohidratos en general.

Este tipo de alimentación ha demostrado la mejoría de dicha tormenta metabólica pro aterogénica, donde se incluye la “hipótesis de respuesta a la retención”, y comúnmente llamada como “dieta cetogénica o keto diet”. R

Y tú, ¿todavía crees que la pechuga de pollo tiene la culpa?

Deja tu comentario acerca de este tópico de salud y bienestar. Hasta el próximo,

Mauricio, MD


Archivado en:Análisis Crítico de la Literatura Low Carb Keto Etiquetado con:carne blanca, carne de aves, carne de res, carne roja, carnivore diet, enfermedad cardiovascular, fake news, Infartos, keto myths

¿Son Las Carnes Blancas, En Realidad Tan Malas Como Las Rojas?

septiembre 30, 2019 Por Paula Rincón

Un reciente reporte de noticias en CNN, dice: “La carne blanca es tan mala como la roja cuando se trata de colesterol, según estudio” 

Esto me recuerda una encuesta que me hicieron hacer durante unas votaciones escolares, y los cuestionarios incluían preguntas como las siguientes:

“¿Crees que los buses escolares deberían ser más puntuales para evitar que se pierdan horas de clase?”

De entrada, es una pregunta que de alguna manera sugiere una respuesta, es decir, que no es neutral.

Así mismo, decir que objeto A es “igual de malo” a objeto B, sesga la respuesta y la información sobre cierto tema.

Pero, esta pregunta no ayuda a distinguir los beneficios o lo perjudicial de la carne blanca sobre la roja. 

¡Ah, y ¿qué me dicen del encabezado de Telemundo?! “Estudio: carne blanca también es mala para la salud”

¿Por qué no vemos más bien qué tan malas son, “según estudio”?

Desmenucemos un poco lo que rescatamos de la noticia en CNN y comparémosla con lo que afirman los investigadores, ¿listos?Por cierto, CNN no fue el único en correr tras la noticia, El Tiempo, y Las Provincias, entre otros, no se quedaron atrás.

“El colesterol [malo] puede provocar enfermedad cardíaca
 
Es bien sabido que las grasas saturadas aumentan la concentración de colesterol LDL o “malo” en el torrente sanguíneo y si esta sustancia cerosa nociva se acumula en las arterias, el resultado podría ser un ataque al corazón o un derrame cerebral. Las grasas saturadas, la mayoría de las cuales provienen de fuentes animales, incluyen mantequilla, grasa de res y piel de ave.”


– CNN en español

Tomado del artículo original:

“Debido a que es bien sabido que los ácidos grasos saturados [grasas saturadas – SFA en inglés] en la dieta aumentan las concentraciones plasmáticas de colesterol LDL, en general se ha asumido que el contenido de SFA en la carne roja contribuye a su asociación con el riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV). Esta suposición se apoya en la falta de diferencias significativas en el colesterol total, el colesterol LDL y el colesterol HDL en los ensayos de alimentación controlada
aleatoria…”  

Lógica: Las grasas saturadas en la dieta aumentan la concentración de la lipoproteína LDL en el plasma sanguíneo (sangre). Por ello se asume que las grasas saturadas aumentan el riesgo de ECV. El problema es que estudios recientes apuntan a que el colesterol total y la lipoproteína LDL no tienen relación directa con el riesgo de desarrollar la ECV. Más bien, una medición más exhaustiva que arroje el tamaño y número de partículas PEQUEÑAS LDL (subtipos como la LDL1, LDL2, etc) puede dar mayores indicios frente al riesgo de la ECV.

El propio estudio está reconociendo que es una “suposición”. Sin embargo, CNN no tiene reparo en catalogar la lipoproteína LDL como “nocivo”, y además agregar que las carnes contienen grasas saturadas y por ende su relación con la ECV. No teniendo por otro fin que el de alertar al lector en contra de su consumo de una manera alarmante y sin fundamento bioestadístico fuerte.

Tanto carnes rojas como blancas aumentan colesterol, según estudio

Reflexionemos sobre las conclusiones descritas por el mismo estudio:

“Hemos demostrado aquí que, en comparación con la dieta que no usó carne como proteína principal, las dietas que contienen altas cantidades de carne roja o blanca, y sin diferencias en otros macronutrientes, producen mayores concentraciones de colesterol LDL y apoB (apolipoproteína B), que estos efectos son principalmente atribuibles a aumentos en partículas LDL grandes y ricas en colesterol”

En castellano: Sabemos que hay que preocuparnos por la partícula más pequeña de la lipoproteína LDL, pero los aumentos fueron en “partículas LDL grandes”, y a partir de esto, ni siquiera en el estudio LURIC tenemos asociación directa con la ECV. R

“Como era de esperar, el nivel más alto de [grasas saturadas], proporcionadas principalmente por productos lácteos y mantequilla [esto fue lo que los sujetos en el estudio comieron como fuentes de grasas saturadas], dio como resultado un mayor colesterol LDL y apoB, y, como se demostró anteriormente en sujetos sanos (18, 28, 29), aumento en partículas LDL de tamaño grande pero no medianas o pequeñas de LDL”

En castellano: El mismo estudio reconoce que una de las limitaciones fue que no usaron otra cosa que productos lácteos como fuentes de grasa saturada y cortes magros de proteínas (res y pollo) con el fin de estandarizar. Entonces es difícil extrapolar el estudio a quienes no dependen de lácteos, sino que adquieren las grasas saturadas del aceite de coco y los cortes de carne grasa, sin decir que las grasas saturadas de los lácteos son nocivos para la salud en general.

¡Ah!, y aun así, el aumento en la lipoproteína LDL no correspondió a la más alarmante partícula pequeña.

“Los hallazgos actuales son consistentes con estudios previos que indican que ni la ingesta de carnes rojas magras ni de aves de corral produce aumentos en las concentraciones de lípidos en plasma en el contexto de una dieta baja en grasas saturadas. [También son consistentes con] estudios anteriores principalmente de patrones dietéticos basados ​​en plantas, lacto-ovo-vegetarianos o veganos que reportaron concentraciones de colesterol total, LDL y HDL significativamente más bajas que las dietas que incluyen proteínas animales” 

En castellano: Las carnes magras, sin importar cuál, parecen no tener efectos en los perfiles lipídicos. Y hay que notar, que a pesar de que las dietas basadas en plantas no aumentan la lipoproteína LDL, tampoco aumentan la lipoproteína HDL, el cual es repetidamente asociado con cardioprotección. La lipoproteína HDL, de hecho es uno de los marcadores que generalmente aumenta y contribuye a la elevación de colesterol total en individuos que siguen una dieta baja o muy baja en carbohidratos, llamada comúnmente keto.

“El presente estudio es el primero en mostrar que ambas categorías de proteínas de la carne producen concentraciones de la LDL que son más altas que las que se obtienen de fuentes de proteínas vegetales en dietas similares y que estos efectos son independientes del nivel de SFA en la dieta”

Análisis: Okay, buen aporte. Parece que antes se tildaba a la ingesta de grasa saturada por medio de la dieta como la única causante de la elevación de la lipoproteína LDL en sangre. Esto, sin embargo aún no nos dice nada sobre el tamaño de esa elevación.

“… otro estudio reciente [que involucró] 53 individuos seleccionados por la predominancia de LDL pequeño (fenotipo B), [mostró que] el consumo de una dieta muy alta en grasas saturadas con carbohidratos moderados, junto con fuentes de proteínas mixtas también resultó en aumentos en las LDL medianas y pequeñas, sin un aumento significativo en las LDL más grandes. Por lo tanto, las características de la composición de la dieta, incluido el nivel de grasas saturadas, así como las características de la población de estudio, pueden modificar la respuesta de las lipoproteínas a la variación en la fuente de proteínas y la ingesta de grasas saturadas”

En castellano: Los investigadores reconocen que en un estudio llevado a cabo por ellos mismos (cita no incluida en este post), y en la cita recién mencionada, no coincide con la relación que encontraron en este trabajo, en el que parece que independiente de todo lo demás, es la grasa saturada en la dieta la que se relaciona con el aumento de las lipoproteínas LDL pequeñas. Agregan que hay un montón de factores que pueden influir, entre ellos las características de la población, sin dejar atrás la composición de la dieta (carbohidratos MODERADOS).

Esto nos deja hasta el momento fríos, ya que parece haber evidencia contradictoria frente a la real causa del aumento de la lipoproteína LDL posiblemente alarmante, la LDL pequeña.

“los hallazgos presentes también tienen en cuenta el hecho de que diferentes lipoproteínas que contienen apoB tienen diferentes relaciones con el riesgo de ECV. En particular, como se resume [en otros estudios], las partículas grandes de LDL, medidas mediante varias metodologías diferentes, no se han asociado con ECV en múltiples cohortes de población […] Aunque estas relaciones selectivas han sido cuestionadas […] cabe destacar que varios estudios han demostrado su persistencia después del ajuste para el colesterol LDL y otros lípidos. Por lo tanto, el impacto estimado de la carne roja, la carne blanca y la grasa saturada derivada de los productos lácteos en el riesgo de ECV, como lo reflejan sus efectos en el colesterol LDL y las concentraciones de apoB, puede verse atenuado por la falta de sus efectos en partículas de LDL más pequeñas que están más fuertemente asociadas con ECV”

En castellano: A pesar de que la metodología con la que se miden las diferentes categorías de lipoproteína LDL en los estudios, hasta la fecha varían mucho, lo que hace que las conclusiones de las observaciones sean poco confiables y (no podemos tener absoluta certeza), el punto parece estar a favor de las carnes y lácteos. Esto debido a que su impacto sobre las partículas pequeñas de la lipoproteína LDL no es tan grande.

“Los hallazgos presentes proporcionan pruebas sólidas del efecto equivalente de la carne roja y blanca en las mediciones de lipoproteínas plasmáticas estándar y más detalladas, y de la ausencia de una interacción de estos efectos con la ingesta de AGS en individuos sanos”

En castellano: Ahora vemos que la conclusión es que la carne roja y la carne blanca tienen el mismo efecto sobre los perfiles lipídicos de individuos sanos, independiente del consumo de grasas saturadas extra (recordemos que no eran cortes grasos de las carnes). ¿Notan cómo el estudio no está concluyendo que tanto la carne blanca como la roja son “iguales de malas”, como nuestros amigos de los medios no lo quieren hacer entender?

“Si bien no encontramos efectos significativos de la fuente de proteína en la dieta sobre la presión arterial, la glucosa en ayunas o la reactividad endotelial, informamos por separado que la intervención dietética de la carne roja resultó en aumentos significativos en las concentraciones plasmáticas de N-óxido de trimetilamina, un metabolito derivado del metabolismo bacteriano intestinal de la carnitina que se ha relacionado con la incidencia de ECV. Además, los metaanálisis recientes de estudios de cohorte prospectivos informaron una mayor incidencia de ECV asociada con la carne roja procesada, lo que sugiere que los conservantes como el sodio, los nitratos y sus subproductos pueden contribuir a la asociación entre el consumo total de carne roja y el riesgo de ECV”

En castellano: Todo lo que este párrafo intenta hacer, es advertir sobre los hallazgos y potenciales peligros del consumo de carnes procesadas. PRO-CE-SA-DAS. No las carnes frescas. Incluso también hay poca evidencia y de muy baja calidad ‘’causal’’ de las mismas carnes procesadas y el riesgo cardiovascular  R.

Entre las limitaciones del estudio, los autores incluyen la siguiente:

“Debido a que las fuentes de proteína animal en el presente estudio se restringieron a cortes magros y se combinaron para dar con el contenido de grasa saturada [deseada], no podemos extrapolar nuestros hallazgos al perfil lipídico y los efectos de las lipoproteínas de los productos cárnicos rojos con mayor contenido de grasa en comparación con las carnes blancas generalmente más magras”

En castellano: ¡Hey! tú, ¿comes carne como la da la naturaleza? ¿Incluyes habitualmente en tu plato productos como huevos, pollo con piel, carne con sus gorditos, vísceras, pescados y aceite de coco, y lácteos sólo de vez en cuando? ¡Ah!, malas noticias… ¡Nada de lo que dice este estudio aplica a ti! … y a los que comen carne roja y blanca más magra acompañada de lácteos y mantequilla, tampoco lo es.

Finalmente, 

“Los resultados del presente estudio respaldan las recomendaciones dietéticas actuales para adoptar patrones dietéticos con alto contenido vegetal,…”

Análisis: Sí, claro, como no. Después de no inferir en nada, sacan semejante conclusión sin respaldo en su mismo trabajo.

…pero no proporcionan evidencia para elegir carnes blancas sobre rojas para reducir el riesgo de ECV en función de los efectos de los lípidos y lipoproteínas del plasma.

Análisis: Gracias, ¡puedo comerme mi res sin pensar que hubiera sido mejor elegir pollo!

“Además, la asociación más débil del LDL grande que el LDL pequeño con el riesgo de ECV sugiere que el impacto de las ingestas altas de carne roja y blanca, así como grasas saturadas de fuentes lácteas, las cuales elevan selectivamente las  subfracciones de LDL grandes, puede que esté siendo sobreestimado [el impacto] por la dependencia en el colesterol LDL, como es el caso de las pautas dietéticas actuales.’’

En castellano: ¡Bravo! Los autores atacan de frente las pautas dietéticas actuales que desaconsejan el consumo de carne de origen animal, basándose fuertemente en el colesterol, pero ignorando sus efectos en las partículas de distinto tamaño (Pssst… Dar con el riesgo de ECV puede estar más relacionado con las subfracciones de la lipoproteína LDL que con la lipoproteína LDL total… ¡Ah, sí, nos volvemos repetitivos!).

“Los estudios futuros deben evaluar los efectos del contenido de grasas saturadas y la fuente de proteínas en la dieta sobre los índices de lipoproteínas aterogénicas, así como los resultados clínicos de ECV en individuos con hiperlipidemia”

En castellano: La verdad es que sí… A pesar que este estudio arrojó datos importantes sobre los perfiles lipídicos de los sujetos como respuesta a las distintas intervenciones, habrá mucho que dilucidar con respecto al real riesgo cardiovascular. Pero a pesar de eso, sus conclusiones son contradictorias y confunden.

Ahora pregunto… ¿Es verdad que “La carne blanca es tan mala como la roja cuando se trata de colesterol, según estudio”?

Hasta aquí, mi más resumido análisis del estudio.

Pero para aquellos que desean indagar mucho más en las otras limitaciones del estudio de las carnes blancas y rojas, les invito a leer y comentar el análisis de nuestro Doc Mauricio.

Quedo atenta a sus comentarios!

-Paula


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Lo que la Obesidad, los Infartos, la Diabetes y los Ovarios Poliquísticos Tienen en Común

septiembre 18, 2019 Por Dr. Mauricio Arango MD

Ahora entendemos que problemas metabólicos como la obesidad, ovarios poliquísticos, presión arterial alta, problemas de triglicéridos, infarto del corazón y cerebro, diabetes tipo 2, enfermedad de Alzhéimer (llamada también, diabetes tipo 3), entre otros, comparten algo en común, que es la RESISTENCIA A LA HORMONA INSULINA.

Principales condiciones acompañantes de la resistencia a la insulina

Esto postula entonces a la resistencia a la insulina como la madre de las enfermedades metabólicas, produciendo un gran costo a la salud pública.

Además de producir pérdidas económicas a los gobiernos de nuestros países, también genera una catástrofe en la empresa más importante del ser humano, la familia.

Debido a que por lo general, la familia es presenta a cada individuo una ayuda incondicional, el sufrir una de estas enfermedades metabólicas, atenta contra la economía familiar, ya que divierte el ingreso económico hacia el manejo médico de la enfermedad.

Esto sin mencionar el deterioro en la calidad de vida del paciente y de su entorno a medida que manejan la patología y el suministro de medicamentos.

El Ovario Poliquístico y su Relación con la Insulina

Tomado del Centers for Disease Control (CDC), “los niveles altos de insulina a causa del síndrome del ovario poliquístico (SOP) pueden causar problemas de salud graves, especialmente en mujeres que son obesas”.

Según el CDC, el exceso de insulina en mujeres con este síndrome, promueve el incremento de la secreción de andrógenos, como la testosterona (las cuales deben estar en niveles reducidos en las mujeres) producidos por los ovarios.

Esto interrumpe la correcta ovulación con la posibilidad de causar oligomenorreas (ciclos menstruales irregulares), acné, crecimiento excesivo de vello en la cara y el resto del cuerpo, así como debilitamiento del cabello. R

Las siguientes son riesgos asociados con el ovario poliquístico en mujeres a que la vez son obesas, tomado directamente de la página del CDC:

  • Diabetes: más de la mitad de las mujeres con SOP presentan diabetes tipo 2 para cuando tienen 40 años de edad. R
  • Diabetes gestacional (la diabetes durante el embarazo): pone en riesgo el embarazo y al bebé y puede causar diabetes tipo 2 más adelante. R
  • Enfermedad cardiaca: el riesgo de un ataque al corazón es de 4 a 7 veces mayor en comparación con las mujeres de la misma edad que no tienen SOP. R
  • Presión arterial alta: puede dañar el corazón, el cerebro y los riñones. R
  • Accidente cerebrovascular: la placa (colesterol y glóbulos blancos) que obstruye los vasos sanguíneos puede causar coágulos sanguíneos, que a su vez pueden causar un accidente cerebrovascular. R
  • El SOP también se vincula a depresión y ansiedad, aunque no queda claro cuál es la conexión.

¿Cómo de Adquiere Resistencia a Insulina?

Dinámica de glucosa en sangre (glucemia) en el tiempo. La línea roja muestra cómo hay una enorme variabilidad en respuesta a ingestas altas en carbohidratos (carbasura) y la línea verde muestra una glucemia mucho más estable en el tiempo, tras una ingesta de proteínas y grasas.

Entender el porqué se genera la resistencia a la hormona insulina, ayudará a entender cómo se pueden evitar problemas metabólicos completamente prevenibles y así gozar de una alta calidad de vida hasta edades avanzadas.

Y porque la resistencia a la insulina tiene como raíz una alimentación alta en carbohidratos, alimentarse bajo o muy bajo en carbohidratos, por el resto de la vida, será siempre la decisión correcta.

Este corto video te ayudará a entender, de manera general, la función de la insulina con la glucosa y porqué la resistencia a la insulina puede llevar al desarrollo de enfermedades como la diabetes tipo 2.

Como se explica en el video, la resistencia a la insulina, impide que las células respondan eficazmente a la insulina, por lo que sus páncreas continúan produciendo más.

Esto a su vez, evita el aprovechamiento de la glucosa como fuente de energía, llevando a que el cuerpo requiera más insulina para movilizar los altos niveles de glucosa en sangre.

Estos niveles de glucosa elevados, por lo general provienen de la dieta.

El páncreas genera más y más insulina, la cual ayude a desplazar la glucosa de la sangre a los tejidos donde la glucosa pueda utilizarse.

Esta es la razón por la que se le llama a la insulina “la hormona del almacenamiento, y hormona ahorradora. Sin embargo, lo que sucede es que, a medida que se obtiene mayor concentración de insulina, también se desarrolla mayor tejido graso, por el mismo efecto ahorrador (anticatabólico) de la hormona.

Por eso, los pacientes con diabetes tipo 2 comienzan a subir de peso una vez comienzan con el tratamiento con insulina exógena (subcutánea).

A medida que se administra más insulina exógena por deficiencia de la función de la insulina endógena, aumenta la producción de tejido graso, lo que a su vez produce mayor resistencia a la insulina por su componente inflamatorio sistémico. R R

“Generalidades: obesidad, tejido adiposo y resistencia a la insulina: aspectos biológicos y funcionales”, por Dra. Ana Burguete, extraído de las memorias Conferencia Científica Anual sobre Síndrome Metabólico 2016 (R)

Este círculo vicioso hace que los pacientes con diabetes tipo 2 nunca puedan lograr deshacerse de la administración de insulina exógena y mucho menos del aumento de peso descontrolado.

Incluso, los pacientes que además presentan obesidad comienzan a tener más sensación de hambre durante el día, a pesar de no haber cambios en su patrón de alimentación.

Esto sucede precisamente por su inhabilidad de aprovechar la energía procedente de la glucosa, fomentando un clima hormonal que lleva al cuerpo a “pensar” que no ha comido y, por tanto, a comer en exceso, manteniéndose con hambre y con debilidad crónica.

Comparación de los niveles de insulina a distintas horas en dietas alta, baja en carbohidratos y control (R)

Los Estragos de una Dieta Alta en Carbohidratos (CARBasura)

Se ha demostrado que una alimentación rica en carbohidratos en general, es la causa más prevalente del aumento de la secreción de insulina en el cuerpo.

Es la continua secreción de insulina, como resultado de una dieta alta en carbohidratos, la que desarrolla un mayor ahorro de grasa, produciendo inflamación crónica silenciosa.

Esta inflamación afecta directa e indirectamente los receptores de insulina en las células produciendo, finalmente, la temida resistencia a la insulina.

Sólo cuando entendamos lo siguiente:

  • Que el gran problema de base es la resistencia a la insulina, y la resistencia a la insulina se da por causa de la inflamación crónica silenciosa, secundario al aumento del tejido adiposo y
  • que este aumento de grasa se logró por el alto consumo de carbohidratos en general, sostenido en un largo período de tiempo (generalmente la gente no se engorda de la noche a la mañana)

… Será claro que lo más lógico es disminuir el consumo de carbohidratos, más no recurrir a la aplicación de insulina exógena.

Recurrir a la administración de insulina exógena a un diabético tipo 2, sin que restrinja los carbohidratos de la dieta es como intentar contener un incendio en lugar de apagarlo.

Suena simple. Y lo es… En el próximo post estaré hablando precisamente de la aplicación de estrategias alimenticias naturales, sin recurrir a medicamentos, sin necesidad de aguantar hambre con las famosas dietas hipocalóricas, sin necesidad de cirugías bariátricas, y sin la tendencia a esos antojos causados por adicción al azúcar.

En pocas palabras, veremos cómo volver a nuestro estado original y natural, coherente con nuestra naturaleza de humanos que somos.

Hasta el próximo post,

Doc Mauricio


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7 Razones por las que el estudio del huevo tiene huevo

abril 17, 2019 Por Dr. Mauricio Arango MD

7 Razones por las que el estudio del huevo tiene huevo

Hace unas semanas atrás salió al público el estudio “Asociación del consumo de colesterol o huevo con la incidencia de enfermedad cardiovascular y mortalidad”. R

Las opiniones y aseveraciones en contra de nuestro preciado alimento en cuestión, el huevo, por parte de ideólogos y medios de comunicación no se hicieron esperar.

Pero ¿qué tanto de lo que se puso en manifiesto hizo hincapié en el hecho de que este era un estudio no extrapolable y con limitaciones importantes?

Quizá sea conveniente que, a este punto, el lector sepa que actualmente estoy en proceso a obtener mi Diplomado de Epidemiología y Bioestadística de la Universidad CES de Medellín.

EPIDEMIOLOGÍA: El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define a la epidemiología como el tratado que está centrado en las epidemias. Se trata de una disciplina de la ciencia dedicada al análisis de los causantes, los vínculos, la forma en que se distribuyen, la regularidad y el control de distintos factores que se asocian a la salud.

Y como este se trata de un estudio epidemiológico, me sentí en la libertad de hacer mi análisis minucioso del manuscrito y traerle al lector mis conclusiones.

Entendamos cómo se hacen estos estudios

“Cuantificar la aparición de una enfermedad u otro suceso relacionado con la salud es sólo el inicio del proceso epidemiológico. Los epidemiólogos también están interesados en evaluar si una exposición está asociada a una enfermedad determinada en una población” 

– Isabel dos Santos Silva R

El primer paso al hacer un estudio epidemiológico es definir la hipótesis a analizar.

El segundo paso es decidir qué diseño de estudio será EL MÁS APROPIADO para probar la hipótesis.

Existen dos métodos en general para evaluar la asociación y su correlación con un resultado en particular: experimental y observacional.

En el primero se tiene control de las variables y en el segundo no.

El experimental tiene desventajas éticas por lo que el observacional es muy utilizado para evaluar exposición y consecuencia (por ejemplo, exposición al humo del cigarrillo y sus consecuencias al cabo de un año. Difícilmente sería ético hacer este estudio pidiéndole a los participantes que fumen para objetivos académicos).

El problema de los estudios observacionales es que los grupos observados pueden diferir en muchas otras características, además de la estudiada.

Debido a estos factores de confusión, establecer el papel de exposición en un estudio observacional es más difícil que en uno experimental.

Los estudios de cohortes son estudios observacionales en los que inicialmente se selecciona una población a estudio o cohorte.

A continuación, se obtiene información para determinar quién está expuesto y quién no al factor de interés.

La cohorte se sigue a través del tiempo y se compara la incidencia de la enfermedad a estudio entre los individuos expuestos y los no expuestos, llegando a una conclusión de asociación más no necesariamente, causalidad.

Mediante análisis estadísticos de alta complejidad, (como el Hazard Ratio (HZ) y/o análisis de supervivencia o COX, específicos para estudios multivariados), se puede llegar plausiblemente a una conclusión estadística técnica, sin que sea plausible en análisis crítico. R

“Existe cierta analogía con la frase «una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad», atribuida a J. Goebbels, ministro de propaganda del III Reich hitleriano”.

Dónde se empieza a poner la cosa color de hormiga…

Para no ir tan lejos, el estudio del huevo se trata de uno estudio de COHORTE con características de multivariado, en donde se analizaron 6 cohortes, los cuales, algunos datan desde el año 1985:

  • “The cohorts were the Atherosclerosis Risk in Communities (ARIC) Study, Coronary Artery Risk Development in Young Adults (CARDIA) Study,
  • Framingham Heart Study (FHS),
  • Framingham Offspring Study (FOS),
  • Jackson Heart Study (JHS), y
  • the Multi-Ethnic Study of Atherosclerosis (MESA)”,

Por ser un estudio que combinó múltiples variables (covariables – multivariado), se debió tener en cuenta varios aspectos estadísticos para evitar sesgos y errores originados en la inclusión de factores de confusión (más específicamente, errores de tipo 1 o alfa).

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos y las técnicas estadísticas avanzadas, no pudieron salir victoriosos.

Para crédito de los investigadores, ellos mismos fueron capaces de reconocer las diferentes limitaciones del mismo. Entre ellas incluyeron:

  1. Las 6 cohortes diferían considerablemente en términos de muestra, tamaño, edad, sexo, raza / etnia, nivel de educación, IMC y comportamiento. Factores de riesgo cardiovascular y clínico, así como ECV incidente y tasas de mortalidad por todas las causas.
  2. Error tipo 1 (alfa), en donde los hallazgos para el análisis de los resultados secundarios deben ser interpretados como exploratorios. R

Lo anterior, en castellano plano vendría a significar que los investigadores hacen observaciones, pero no se tiene control sobre las variables, a pesar de su elección de técnicas estadísticas de última generación.

Es de esperar que las conclusiones de este tipo de estudios por tanto, 1- reflejen alguna asociación SOLAMENTE de la población estudiada (no se pueda extrapolar a otras poblaciones). Y 2- que estas conclusiones sean fuertemente definidas por la manera que el investigador decide observar la población (sesgo).

Si voy de viaje a por un par de semanas a Punta Cana y hago un “estudio” sobre las preferencias musicales de los dominicanos en Punta Cana puede que me tope con sesgos como el hecho que mi exposición a la música local, estuvo dictada por su interés de hacerme sentir en un ambiente festivo, como turista. Quizá la música a la que me haya expuesto en un viaje de turismo fuese muy diferente de la que hubiera encontrado si me hubiera ido a hacer una pasantía laboral en la misma ciudad. Eso sólo lo sabré si visito en estos dos contextos.

A este punto, debe ser claro que los estudios observacionales no son extrapolables, porque estudian poblaciones diferentes. Y el estudio del huevo es claramente uno de ellos.

Las 7 limitaciones del estudio

A continuación, voy a dar una lista de otras limitaciones que, en conjunto con los profesores de epidemiología y bioestadística de la Universidad CES  y la universidad UPB de Medellín, tuve la oportunidad de encontrar.

  1. Fue un estudio de carácter observacional más no de intervención: no permite concluir causalidad

Básicamente, el estudio no provee “prueba” de peso para culpar al huevo por la enfermedad cardiovascular.

  1. Fue un estudio con mediciones estadísticas complejas como el HR: medida con alta complejidad de análisis

Sin embargo, no hicieron estudio de análisis de supervivencia o COX, haciéndolo flojo en los hallazgos.

  1. Fue un estudio con sesgos importantes: por ejemplo, los patrones dietéticos fueron medidos con diferentes herramientas entre los estudios de las cohortes

En castellano, se midió la misma variable con diferentes instrumentos. Algo semejante a medir la altura de todos los edificios de una ciudad, eligiendo un metro para algunos de los edificios y el pie de un ingeniero para otros.

  1. Fue un estudio en donde las 6 cohortes difieren considerablemente en términos generales

Cuando los estudios analíticos, como éste, deben tener poblaciones y tamaño de muestra representativa y similares para poder realizar la comparación correctamente.

  1. Fue un estudio con error tipo I: donde el tamaño de la muestra aumenta la probabilidad de asociación estadísticamente significativa, sin que realmente haya

El error tipo I es un error asociado con la elección de la muestra estadística y los métodos de análisis de la misma. Básicamente, el error que hace que rechacemos una bolsa de limones porque el par de limones que se ven por encima de los demás están podridos, asumiendo que todos los de abajo lo están.

Este es un error muy “apetecido” porque casi siempre arroja las conclusiones que el investigador espera.

Y la más curiosa…

  1. Fue un estudio en donde sus investigadores aceptan las múltiples limitaciones del mismo: y aún así llegan a una conclusión muy poco plausible.

“Por todo ello, es muy fácil caer en la falacia de atribuir a los artículos las características de la revista donde se publican, lo que en términos generales en epidemiología denominamos la “falacia ecológica” (atribuir al individuo una característica del grupo).”

– Esteve Fernández R

  1. A esto, sumemosle que el estudio del huevo fue publicado en el Journal of the American Medical Association, JAMA, revista científica de gran impacto, lo que es en sí un señuelo malvado, incluso para el lector más educado.

Me refiero a la “falacia de autoridad”, que lleva a muchos colegas a caer en el típico “si salió en la revista JAMA, es porque es verdad”.

En este tema de falacias en investigación epidemiológica, Esteve Fernandez, argumenta que “a pesar de que la mayoría de las revistas de primera fila suelen publicar artículos válidos y relevantes, conviene no bajar la guardia porque un artículo venga refrendado por su publicación en una gran revista”.

Y advierte que “los investigadores, los informadores y los periodistas no deben dejarse deslumbrar por el prestigio de las revistas. Por todo ello, es recomendable ser siempre críticos en la valoración de cualquier artículo, se publique donde se publique”.

Algunas falacias en investigación epidemiológica:

  • Las revistas ‘buenas’ garantizan ‘buenos estudios’.
  • Mucha evidencia significa buena evidencia.
  • La representatividad importa.

En conclusión…

No comamos cuento y disfrutemos de unos huevos tocineta… Revueltos, fritos, pochados, a mi me gustan de cualquier forma.

Y tú, ¿qué tanto crees que información en los medios, como esta en contra del huevo te afecta a ti y a tu familia? ¿Encuentras este tipo de contenido beneficioso? ¿Hay otro mito que quisieras que abordara la próxima vez?

Por Dr. Mauricio Arango, MD, edición a cargo de Paula Rincón

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